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lunes, 20 de noviembre de 2017

10 AÑOS DEL FALLECIMIENTO DE FERNANDO FERNAN GOMEZ


10 AÑOS DEL FALLECIMIENTO DE FERNANDO FERNAN GOMEZ
 Lo más probable, como él mismo escribe en sus memorias,[1] es que naciese en Lima el 28 de agosto de 1921, por más que su partida de nacimiento indique que lo hizo en la capital argentina, Buenos Aires. La razón de esto responde a que su madre, la actriz de teatro Carola Fernán Gómez, estaba de gira por Sudamérica cuando nació en Lima, por lo que su partida de nacimiento fue expedida días más tarde en Argentina, nacionalidad que mantuvo, además de la española, que le fue otorgada en 1984. Hijo extramarital, su padre fue el también actor Luis Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero, hijo de María Guerrero, quien impidió el matrimonio entre los padres de Fernando Fernán Gómez.[2]
Tras algún trabajo escolar como actor, estudió Filosofía y Letras en Madrid, pero su verdadera vocación lo condujo al teatro. Durante la Guerra Civil, recibió clases en la Escuela de Actores de la CNT, debutando como profesional en 1938 en la compañía de Laura Pinillos; allí le descubrió Enrique Jardiel Poncela, quien le dio su primera oportunidad al ofrecerle, en 1940, un papel como actor de reparto en su obra Los ladrones somos gente honrada. Tres años más tarde le contrató la productora cinematográfica Cifesa y así irrumpió en el cine con la película Cristina Guzmán, dirigido por Gonzalo Delgrás, y ya al año siguiente le ofrecieron su primer papel protagonista en Empezó en boda, de Raffaello Matarazzo. En efecto, trabajó como actor hasta principios de los cuarenta para dedicarse después al cine, primero como actor (en éxitos como Balarrasa o Botón de ancla) y como director más tarde, sin descuidar su vocación de autor de teatro y director de escena, y escritor y guionista asiduo de la tertulia del Café Gijón.
A partir de 1984 vuelca su cada vez más intensa vocación literaria en la escritura de muy personales artículos en Diario 16 y el suplemento dominical de El País, produciendo además varios volúmenes de ensayos y once novelas, fuertemente autobiográficas unas e históricas otras: El vendedor de naranjas, El viaje a ninguna parte, El mal amor, El mar y el tiempo, El ascensor de los borrachos, La Puerta del Sol, La cruz y el lirio dorado, etcétera. Fue un gran éxito su autobiografía en dos volúmenes, El tiempo amarillo, de la que corren dos ediciones, la segunda algo más ampliada; pero acaso su éxito más clamoroso lo haya obtenido con una pieza teatral prontamente llevada al cine, Las bicicletas son para el verano, sobre sus recuerdos infantiles de la Guerra Civil.
Se casó y divorció de la cantante María Dolores Pradera (1947–1959), con la que tuvo una hija, la actriz Helena Fernán Gómez, y un hijo, Fernando, relacionado también con el mundo de la cultura. Se volvió a casar en 2000 con la actriz Emma Cohen, con la que mantuvo una relación desde los años 70, tras participar en un episodio de una serie de TVE donde Emma era protagonista (Tres eran tres, 1973) junto a Lola Gaos.
De su mano entró el cine en la Real Academia Española, de la que fue elegido miembro en 1998[3] y tomó posesión del sillón B el 30 de enero de 2000. Fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 1995.
Polifacético, querido y respetado por los profesionales de la industria y por varias generaciones de espectadores, encontró la popularidad como actor casi al principio de su carrera cinematográfica con el clásico de la comedia negra Domingo de carnaval (del célebre realizador Edgar Neville), que protagonizó junto a Conchita Montes en 1945. Dos años antes había aparecido como secundario en otro notable título del cine español de los cuarenta como Cristina Guzmán. Ese mismo año acompañó a una ya consagrada Imperio Argentina y al recordado galán Alfredo Mayo en la exótica comedia Bambú, y también participó en un pequeño clásico de la comedia fantástica como El destino se disculpa, de José Luis Sáenz de Heredia, siguiendo el estilo del subgénero norteamericano en boga durante esos años (La pareja invisible, de Norman Z. MacLeod, Me casé con una bruja, de René Clair, Dos en el cielo, de Victor Fleming, etc.). A partir de entonces encadenó títulos de éxito que hoy críticos y cinéfilos califican de indispensables, trabajando con Gonzalo Delgrás (Los habitantes de la casa deshabitada); Carlos Serrano de Osma (Embrujo, junto a Lola Flores y Manolo Caracol); Sáenz de Heredia (La mies es mucha, Los ojos dejan huellas); Ramón Torrado (Botón de ancla), José Antonio Nieves Conde (Balarrasa, El inquilino); Luis Marquina (El capitán Veneno). En aquella época también trabajó en Barcelona como actor de doblaje.
En la década de 1950, se consolidó como actor principal en toda serie de comedias (El fenómeno), dramas (La gran mentira) y cine religioso (Balarrasa), o folclórico (Morena clara) propagandísticos o directamente escapistas (lo que en muchos sentidos también se considera propaganda para los historiadores), al tiempo que interviene en una de las primeras avanzadillas de lo que luego será el «Nuevo cine español»: Esa pareja feliz de Bardem y Berlanga. También ahora participa en algunas co-producciones de interés como La conciencia acusa (del genial Georg Wilhelm Pabst) o El soltero (de Antonio Pietrangeli) junto a Alberto Sordi, y por último, inicia una incipiente carrera como director, con obras de encargo de desigual fortuna: en este sentido, sobresale su versión de la novela de Wenceslao Fernández Flórez El malvado Carabel y dos excelentes comedias en las que compartió química y cartel con la deliciosa Analía Gadé, una de sus parejas más recurrentes, como son La vida por delante y La vida alrededor.
Al hilo del cine español de los sesenta, su filmografía como actor y director se llenó de comedias de todo tipo (La venganza de Don Mendo, Adiós, Mimí Pompón, Ninette y un señor de Murcia o Crimen imperfecto), excepción aparte de sus trabajos de dirección en El mundo sigue (1963), un durísimo drama naturalista, inspirado en la novela homónima de Juan Antonio Zunzunegui, donde se enfrentan dos hermanas de concepciones vitales opuestas en plena sociedad de posguerra española, su primer éxito como director, y de su filme El extraño viaje (1964), en el que retrata, con casi mayor penetración que el propio Berlanga, el clima cicatero y opresivo de la sociedad española del Franquismo y que permanece como una de las cumbres del cine español de todos los tiempos; ambas producciones tuvieron tremendos encontronazos con la censura. Por otra parte, es ahora cuando inicia relación profesional con otra de sus parejas más emblemáticas, Concha Velasco, con la comedia negra Crimen para recién casados.
En los setenta, Fernán Gómez se convirtió en uno de los actores más solicitados de la llamada Transición española, con títulos dorados de esos años como El espíritu de la colmena, El amor del capitán Brando, Pim, pam, pum, fuego, Mi hija Hildegart, Los restos del naufragio, Mamá cumple cien años o ¡Arriba Azaña!. Con ello inició una exitosa colaboración al lado del notable director Jaime de Armiñán y una también estrecha relación profesional con Carlos Saura, ganándose con ello un justo prestigio como actor y director además de reconocimiento por su ya larga trayectoria. En 1976 intervino en un título de indudable valor, si bien no para el gran público, como El anacoreta, premiada en el Festival de cine de Berlín. También dirigió e interpretó dos exitosas producciones para TVE (el telefilme Juan soldado y sobre todo la serie El pícaro) que se cuelan en la memoria del gran público. Tras la muerte de Franco y la legalización de la CNT-AIT, tuvo una militancia activa en el Sindicato de Espectáculos de Barcelona participando en el anarcosindicalista Mitin de Montjuïc de 1977 junto a su compañera Emma Cohen.
En 1981 protagonizó un film memorable, Maravillas de Gutiérrez Aragón, y comenzó a encadenar éxitos de crítica y público (La colmena, Stico, Los zancos, Réquiem por un campesino español, La corte del faraón, La mitad del cielo y El viaje a ninguna parte). Termina la década con excelentes trabajos en filmes no muy bien acogidos pero de calidad: Esquilache y El río que nos lleva. En 1986 rodó en Argentina un título muy a tener en cuenta, Pobre mariposa, de Raúl de la Torre, junto a un reparto internacional (Bibi Andersson, Vittorio Gassman, Fernando Rey, Graciela Borges); y también es ésta la década en que se encuentra más activo en sus trabajos para TVE (Ramón y Cajal, Fortunata y Jacinta, Las pícaras, Juncal o Cuentos imposibles).
La década de 1990 presencia el inicio de un período de menor actividad profesional derivada de algunos problemas de salud y de, seguramente, falta de papeles de envergadura para un actor como él. Salvo Belle Époque y el Oscar que consigue la cinta como mejor película extranjera, debemos esperar hasta 1998 para volver a verle en dos cintas tan distintas como importantes (cada una a su manera) como son El abuelo (nominada al Oscar y gran éxito de taquilla) y Pepe Guindo (homenaje-ficción al gran actor por parte de un director infravalorado pero nada mediocre como Manuel Iborra). Entre medias, estuvo varias temporadas en la serie de TV Los ladrones van a la oficina, que le devolvería la popularidad a él y otros grandes nombres de la interpretación como Agustín González, Manuel Alexandre o José Luis López Vázquez. Después recupera fuelle con tres grandes películas (Todo sobre mi madre, Plenilunio y el éxito popular La lengua de las mariposas).
Más recientemente rodó Visionarios, de Gutiérrez Aragón; El embrujo de Shangai, con Fernando Trueba; Para que no me olvides, y la que probablemente quede como su última gran interpretación en la espléndida En la ciudad sin límites, de Antonio Hernández.
Marisa Paredes, presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, en la entrega de la décima Medalla de Oro, lo describió a la perfección: «Por anarquista, por poeta, por cómico, por articulista, por académico, por novelista, por dramaturgo, por único y por consecuente».[4]
El 19 de noviembre de 2007 fue ingresado en el área de Oncología del madrileño Hospital Universitario La Paz para ser tratado de una neumonía. Falleció en Madrid, el 21 de noviembre de 2007, a los 86 años de edad.[6] Tras anunciarlo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero en la capilla ardiente del actor, el Gobierno de España le concedió el día 23 de noviembre, a título póstumo, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.[7] También, el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón anunció que el Centro Cultural de la Villa de Madrid pasará a llamarse Teatro Fernando Fernán Gómez.[8] En la capilla ardiente su féretro fue recubierto con una bandera rojinegra anarquista,[9] siendo posteriormente incinerado.
 
Fuente:  http://es.wikipedia.org

domingo, 19 de noviembre de 2017

CONTRA LOS REGIONALISMOS/NACIONALISMOS PATRIOS


Contra los regionalismos/nacionalismos patrios
.Posted By: admin 30 abril, 2013
[Ahora que se acerca el 23 de abril, día de la fiesta “nacional” castellana, nos parece conveniente rescatar este pasaje del texto Que ardan todas las patrias elaborado en 2011 por el ya extinto Grupo Anarquizante Stirner que denuncia las mistificaciones del nacionalismo, especialmente del que se disfraza de revolucionario. Hemos quitado las notas para no alargar esta entrada del blog, ya de por sí extensa, pero quien quiera acceder a las mismas puede hacerlo leyendo el texto completo aquí:
http://grupostirner.blogspot.com.es/2011/02/que-ardan-todas-las-patrias.html ]
 
Los orígenes ultramontanos de los nacionalismos patrios
Las raíces de los pequeños nacionalismos que han crecido desde el siglo XIX dentro del «Estado español» no pueden ser más reaccionarias. De hecho, constituyen claros precedentes del fascismo (¡mucho antes de que se fundara Falange Española!) puesto que se adelantaron al mismo Hitler en usar el argumento de la supremacía racial. Igual que el padre del nazismo, los ideólogos de tales nacionalismos recibieron el influjo de la historiografía romántica de mediados del siglo XIX que se inventó una serie de mitos (celtismo, arianismo, etc.) para justificar el dominio de la «raza blanca» en el mundo, en una época en la que el imperialismo europeo alcanzaba su culmen.
 Así, el mito del celtismo fue especialmente cultivado por el nacionalismo gallego desde la época del llamado «Rexurdimento» en el siglo XIX. Para empezar habría que precisar que las evidencias históricas demuestran que, en primer lugar, los «celtas» fueron un pueblo o conjunto de pueblos de la II Edad del Hierro de los que apenas sabemos nada porque nada dejaron escrito y que hoy día los historiadores sólo hablan de «celtas» en el caso de las culturas de Hallstat y La Tène (ambas ubicadas en Centroeuropa), y que, en segundo lugar, Galicia no era más celta que el resto de la Península Ibérica, si acaso algo menos, pues se cree que fue celtizada leve y tardíamente por pueblos que venían de la Meseta Norte (lugar donde tenemos uno de los pocos vestigios de una cultura con características similares a las de Hallstat o La Tène: los vetones de los Toros de Guisando en Ávila). Una prueba incontestable de que la ascendencia celta de los gallegos es un mito es que la lengua gallega forma parte del grupo de las de lenguas romances, es decir, derivadas del latín, como el castellano, y no al grupo de las lenguas célticas al que pertenece el gaélico. Pero todo esto trae sin cuidado al nacionalismo que, irracional por naturaleza, sólo está interesado en aglomerar al mayor número de adeptos posibles en torno de mitos nacionales apelando al más ciego sentimentalismo. Sea como fuere, los nacionalistas del «Rexurdimento» fabricaron una imagen mítica de una Galicia, de sangre aria al descender de celtas y suevos (un pueblo germánico que se asentó en el noroeste peninsular tras el hundimiento del Imperio Romano). Por supuesto, para los nacionalistas gallegos ninguno de los otros pueblos que se asentaron en Galicia dejó huella alguna en ella. Según Manuel Murguía, padre del galleguismo y marido de Rosalía de Castro, el pueblo gallego «por el lenguaje, por la religión, por el arte, por la raza (…) está ligado estrechamente a la grande y nobilísima familia ariana».
Para éste, «el gallego (…) es un pueblo numeroso y superior por ser por entero céltico (…) por no haberse contaminado por la sangre semita» que es la que predomina en el resto de España.
Por su parte, ya en pleno siglo XX Alfonso Castelao, otro destacado teórico galleguista, extendió el odio racista de Murguía también a los gitanos, quienes, según aquél, habían infectado con su sangre impura el centro y, sobre todo, el sur de la península (curiosamente el norte de España al completo, queda excluido de su exabrupto). Dejemos que se explique: «Lo que el mundo distingue como “español” ya no es “castellano”; es “andaluz”, que tampoco es andaluz sino gitano. A este respecto hay que decir que no negamos la hondura cultural de Andalucía, solamente comparable a la nuestra; pero es que allí los fondos antiguos de mayor civilización están ahogados por la presencia de una raza nómada y mal avenida con el trabajo. “Estos son unos hombres errantes y ladrones” —decía el padre Sarmiento—; y si nosotros no apoyamos tan duro juicio, nos mostramos satisfechos de no contar con este gremio en nuestra tierra. El caso es que los gitanos monopolizan la sal y la gracia de España y que los españoles se vuelven locos por parecer gitanos como antes se volvían locos por ser godos. La cosa está en consagrar como español todo cuanto sea indigno de serlo. (…) Pero… ¿Qué son la golferancia y el señoritismo sino un remedo de la gitanería? ¿Qué es el flamenquismo sino la capa bárbara en que se ahogaron los fondos tradicionales de España, la cáscara imperial y austriaca, los harapos piojosos de la delincuencia gitana? Hoy el irrintzi vasco, el renchillido montañés, el ijujú astur, el aturuxo gallego y el apupo portugués están vencidos por el afeminado Olé… Pues bien; los gallegos espantaremos de nuestro país la “plaga de Egipto” aunque se presente con recomendaciones…, porque somos la antítesis de la golferancia y del señoritismo, de la gitanería y del torerismo.»
Pero lo que realmente saca de quicio a un nacionalista como Castelao es el mestizaje, y para muestra de ello he aquí un botón:
«Siendo Galicia el reino más antiguo de España le fue negada la capacidad para asistir a las cortes, y ésta es una ofensa imperdonable; pero peor ofensa fue la de someternos a Zamora —una ciudad fundada por gallegos, pero separada ya de nuestro reino y diferenciada étnicamente de nosotros—. Con razón el exaltado Vicetto escribió estas palabras: “¿Y quién le negaba (a Galicia) ese derecho de igualdad y solidaridad entre los demás pueblos peninsulares? Se lo negaba la canalla mestiza de gallegos y moros que constituía los modernos pueblos de Castilla, Extremadura, etc.; Se lo negaba, en fin, esa raza de impura, adulterada sangre”.»
Nótese que lo que en realidad molesta a Castelao no es que Galicia fuera excluida de las Cortes sino que los promotores de dicha exclusión fuera esa «canalla mestiza de gallegos y moros».
No obstante, quien se acercó más al nazismo fue el galleguista Vicente Risco. Beato recalcitrante, Risco combatió la II República por considerarla «atea» con la misma energía que abrazó el mito ario aplicado al pueblo gallego, de ahí que llegara a afirmar lo que sigue:
«Sea por la mejor adaptación a la tierra, sea por la superioridad de la raza, lo cierto es que ni la infiltración romana, ni la infiltración ibérica consiguieron destruir el predominio de elemento rubio centroeuropeo en el pueblo gallego.»
Por otra parte, en Risco vuelve a aparecer el antisemitismo visceral para el que llega a reconocer no hay justificación racional alguna pero, como hemos visto, nacionalismo y razón son conceptos que se excluyen mutuamente:
«El odio de las razas radica en un fondo del alma inatacable por el razonamiento. Es un instinto. (…) Y digo yo: ¿es posible que un sentimiento tan unánime contra los judíos no tenga una causa real? Tiene que tenerla. Todo instinto corresponde a una causa; el instinto atina siempre, adivina las causas.»

viernes, 17 de noviembre de 2017

81 AÑOS DE LA MUERTE DE BUENAVENTURA DURRUTI


81 AÑOS DE LA MUERTE DE BUENAVENTURA DURRUTI
El 14 de julio de 1896 nacía en León Buenaventura Durruti, segundo de los ocho hijos de Santiago Durruti y Anastasia Domínguez. De los ocho hermanos —Santiago, Buenaventura, Vicente, Plateo, Benedicto, Pedro, Manuel y Rosa— sólo tres sobrevivieron al finalizar la guerra. En 1932, durante una huelga, moría en León uno de los hermanos de Durruti, junto a un anarquista llamado José María Pérez. Otro murió durante los sucesos de Asturias de 1934. En 1936, comenzada la guerra, Manuel Durruti se afiliaba a Falange Española, en León, y poco después moría fusilado por los mismos falangistas al haberse negado a probar su lealtad hacia la organización. Pedro, antiguo afiliado a Falange, fue fusilado en zona republicana.
BUENAVENTURA Durruti asistió, durante su infancia, a la escuela leonesa de Ricardo Fanjul. Parece ser que no pasó, como estudiante, de la mediocridad. Poco más tarde, y a pesar de cierta oposición por parte de su familia, abandonaba la escuela y aprendía el oficio de mecánico. Su maestro en esta tarea fue Melchor Martínez, que tenía en León una gran reputación como revolucionario. (Llamaba la atención por leer «El Socialista» en público). De hecho, fue el primer mentor ideológico que Durruti tuvo. «Voy a hacer de tu hijo un buen mecánico, pero también un buen socialista», decía Melchor Martínez al padre de Durruti. 
En 1912 Durruti, influenciado por su padre de ideas socialistas y por M. Martínez, se afiliaba a la «Unión de Metalúrgicos»; sin embargo, pronto comprendió que el socialismo moderado de la UGT. Unión General de Trabajadores no era lo que más le atraía. Una vez abandonado el trabajo en el taller de Melchor Martínez, Durruti trabajó como montador de lavaderos de carbón. Iba a ser Mata-llana, a 30 Km. de León, el escenario de la primera dificultad que Durruti tendría con las autoridades. Se encontraba allí con motivo de la instalación de uno de estos lavaderos y no tardó en verse involucrado en un conflicto provocado por los mineros, que exigían la destitución de uno de los ingenieros cuya actitud era claramente contraria a sus intereses. Los mineros, con el apoyo de Durruti y los demás mecánicos, consiguieron que el ingeniero fuera despedido; sin embargo, al llegar Durruti a León se encontró con la noticia, nada agradable, de que la Guardia Civil se había interesado por él.
Poco después, 1914, su padre le consigue un nuevo trabajo en la Compañía de Ferrocarriles del Norte, como mecánico ajustador, empresa en la que el padre de Durruti trabajó hasta caer enfermo. Allí se encontraba Durruti cuando, en 1917, estalló la gran huelga revolucionaria, promovida por la UGT y secundada por la CNT Confederación Nacional del Trabajo—. Buenaventura desplegó durante la huelga una gran actividad, contribuyendo a la quema de locomotoras y al levantamiento del tendido de las vías, lo que significó su expulsión de la UGT y, obviamente, el despido de la compañía. Con su amigo «El Toto» se dirigió en primer lugar hacia Gijón, donde contactó con la CNT, y, posteriormente huyó a Francia, ya que además de ser buscado por saboteador, también lo era  por desertor.
El 1 de enero de 1919 Durruti cruzó la frontera, clandestinamente, y se dirigió a Asturias, donde debería realizar una misión encomendada por la CNT. Una vez cumplida la misión, parece ser que estuvo en La Robla, a 25 Km. de León, implicado en un grave conflicto laboral, dirigiéndose poco después a Valladolid, donde permaneció unos tres meses. Más tarde, y cuando se encaminaba hacia Galicia, con el fin de participar en diversas acciones, fue detenido por la Guardia Civil y enviado a La Coruña. Allí le identificaron como desertor y le trasladaron a San Sebastián, siendo sometido a Consejo de Guerra y encarcelado. Sin embargo, permaneció muy poco tiempo en la cárcel, ya que, con la ayuda de varios compañeros, logró evadirse y huyó a Francia (julio de 1919) después de haber pasado algún tiempo escondido en los montes. 
En 1920 regresó a España, por San Sebastián, y se dirigió a Barcelona. Antes de emprender la marcha hacia la ciudad catalana, rechazó un trabajo en una fábrica de Rentería, que Manuel Buenacasa y otros compañeros le habían buscado, así como un puesto en el Comité de Metalúrgicos de la CNT en el país vasco: «En mi opinión los cargos importan poco decía Durruti. Lo importante para mí es la base, a fin de poder obligar a los de arriba, desde ella, a que respeten sus compromisos, impidiéndoles así, en la medida de lo posible, que se burocraticen». A su paso por Euskadi, Durruti conoció a otros anarquistas significados: Suberviola, Del Campo, Albaldetrechu y Ruiz, con los que creó el grupo llamado «Los Justicieros», cuyo terreno de acción era, simultáneamente, Aragón y Guipúzcoa. Durruti y el resto de «Los Justicieros» decidieron actuar rápidamente, y su primer objetivo era Alfonso XIII. El monarca español debía de asistir a la inauguración del Gran Kursaal de San Sebastián. La pretensión de los anarquistas era acabar con la vida del rey valiéndose de explosivos, pero sus intenciones se vieron frustradas ante el masivo despliegue policial que se llevó a cabo en el País Vasco para lograr la captura de Durruti, Suberviola y Del Campo, que habían sido denunciados.
En febrero de 1921, Durruti se encontraba en Andalucía en cumplimiento de una nueva misión, cuyo fin era ampliar las bases del anarquismo en esta región. El 9 de marzo, en compañía de Juliana López que era el otro emisario en tierras andaluzas, regresó a Madrid y fue apresado por la Policía. Ese día todo individuó sospechoso era detenido en la capital. El día anterior, Eduardo Dato había sido muerto a balazos por tres desconocidos. No obstante, Durruti, haciendo uso de una falsa personalidad, logró engañar a la Policía y salió libre, continuando su viaje de vuelta a Barcelona.
El grupo de «Los Justicieros», que más tarde cambió su nombre por el de «Crisol», siguió en su línea de utilización de la violencia como respuesta a la violencia desatada por la patronal. A finales de 1922, se constituía el grupo «Los Solidarios», cuyo fin primordial era la lucha contra las bandas armadas que subvencionaban los empresarios. Los choques entre estos grupos llegaron a adquirir un carácter de verdadera guerra civil. «Los Solidarios» contaban con varios colaboradores y gente de confianza cuya ayuda era solicitada según la naturaleza del asunto que les ocupara. Los principales componentes del grupo eran: Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Eusebio Brau, Aurelio Fernández, Miguel García Vivancos, Alfonso Miguel, Ricardo Sanz, Gregorio Suberviola, Rafael Torres Escartín, Juliana López, Ramona Berni y Antonio «El Toto».
Uno de los primeros condenados a muerte, por el grupo, fue el cardenal-arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevilla y Romero (n. 1843). Sobre la ejecución de Soldevilla, es muy interesante el fragmento de la novela de Pío Baroja «El Cabo de las Tormentas».

NO ELIJAS A TU VERDUGO


NO ELIJAS A TU VERDUGO
 
Una de las cosas que ha quedado clara desde el inicio de esta llamada “crisis”, a la que nos
ha llevado el capitalismo, es que los gobiernos se han plegado absolutamente a lo que dicte el
capital (lo que, eufemísticamente, llaman “mercados”). Cualquier gobierno, independientemente
de su color político, se ha limitado a gestionar todo lo que los poderes financieros y empresariales
le planteaban, sin temblarles la mano cuando se trata de exprimir a los trabajadores y al pueblo.
La clase política, constantemente se llena la boca con la palabra “democracia” –que,
recordemos, significa “poder del pueblo”- no es más que la correa de transmisión de los poderes
fácticos del Estado (monarquía, empresarios, terratenientes, iglesia, banca, ejército, cuerpos
represivos,…) dejando sus promesas electorales de mejora social en el baúl de los recuerdos.
Insistimos: si hay algo que hemos aprendido con la actual situación de deterioro social y
económico es que los políticos gobiernan siempre para favorecer a los de arriba
(ellos también son “arriba”) y someter a los de abajo, desviando hacia los ricos la riqueza generada por los trabajadores. Y si hubiera algún partido que pretendiera hacer algo diferente sería acogotado y/o comprado.
 
Se permiten ganancias ultramillonarias a banqueros y empresarios; los “sueldos”, pensiones y prebendas que se autoadjudican los políticos son de escándalo; se favorece a la iglesia católica, se permiten privilegios vergonzantes para todos los poderosos. Y, mientras, el pueblo trabajador, además de mantener obligadamente a todos estos parásitos sociales, ve como se recortan sus derechos, sus salarios, su acceso a una vivienda, a una educación y a una sanidad dignas. Vemos como pasan a manos privadas –para que unos cuantos plutócratas y cleptócratas hagan negocio con ellas- el transporte, los servicios sociales, el agua, las agencias de empleo, la sanidad, la educación, hasta la naturaleza,… Y, no contentos con robarnos legalmente, ensucian
sus manos más aún con corruptelas y negocios turbios.
 
Así pues, visto lo visto: ¿PARA QUÉ VOTAR? ¿Aún queremos que se rían más en nuestra
propia cara? Votando no haces más que mantener esta situación. No arreglas nada. Todo lo
contrario: la participación en las elecciones supone colocarnos una cadena más al cuello. Por cada voto emitido los partidos políticos reciben un dinero público y comprueban como el pueblo los aplaude y apoya. Además, votar es delegar tu responsabilidad personal, dejar que otros hagan y deshagan por ti durante cuatro años, sin ningún tipo de control sobre ellos. VOTAR ES SUICIDA.
Ahora, más que nunca, es necesario dar una bofetada a todo este estado de cosas no votando, no participando en esta farsa y difundiendo de todos los modos posibles la ABSTENCIÓN activa y el boicot a las elecciones. Conseguir un alto porcentaje de abstención es fundamental para deslegitimar a los que nos quieren gobernar. Que sepan que la sociedad los rechaza. Y, al mismo tiempo, es básico no quedarse en casa: hay que salir a la calle, retomar nuestra palabra y nuestra responsabilidad en la vida que nos ha tocado vivir, y no dejar que los vividores de la política acaben decidiendo nuestro destino y llevándonos al matadero.
Es hora de organizarse de una forma horizontal y autogestionada, sin jefes que nos manden
ni líderes que nos engatusen, luchando por todo aquello que necesitamos personal y colectivamente.
 
Un pueblo libre y solidario posee la fuerza para conseguir lo que desee. Y recordemos que
EL PUEBLO UNIDO FUNCIONA SIN PARTIDOS.
 
Grupo TIERRA -Federación Anarquista Ibérica-
(Adherida a la Internacional de Federaciones Anarquistas)
g.tierra@yahoo.es www.nodo50.org/fai-ifa

jueves, 16 de noviembre de 2017

LA CORRUPCION EN ESPAÑA DESDE LA TRANSICION


LA CORRUPCION EN ESPAÑA DESDE LA TRANSICION

La Transición Española: los gobiernos de Adolfo Suárez González y Leopoldo Calvo-Sotelo Bustelo (1976-1982)

 []Caso del aceite de colza: venta fraudulenta de aceite adulterado, que provocó el envenenamiento de 60.000 españoles y la muerte de 700.

 [] Caso Fidecaya: un agujero en esta entidad de ahorro creada en 1952 e intervenida en 1980, con 250.000 afectados y una presunta estafa de 1.800 millones de pesetas. El Gobierno forzó una liquidación que el Tribunal de Cuentas consideró irregular. El déficit patrimonial de la empresa fue estimado provisionalmente en más de 7.000 millones de pesetas, la mitad de los ahorros depositados en ella, que fueron garantizado sen un 90% por el Estado. El propietario, Edmundo Alfaro, fue procesado por estafa, y Fidecaya comprada por Rumasa, ante la oposición del Gobierno. El caso fue archivado a petición de la Fiscalía en 1989.6

 Gobierno de Felipe González Márquez (1982-1996)

 Durante los últimos años del gobierno de Felipe González (especialmente en la IV y V Legislaturas de España), se sucedieron diversos escándalos de corrupción:

 []Caso Flick: trama española de un gran caso de financiación ilegal de partidos y evasión de impuestos en la RFA, por parte del multimillonario ultraderechista Friedrich Karl Flick. La Fundación Friedrich Ebert, próxima al SPD, destinó donaciones de Flick por valor de millón de marcos para financiar al PSOE.7

 [] Caso KIO: suspensión de pagos por valor de 300.000 millones de pesetas (1.803 millones de euros). El gerente de esta sociedad en España, Javier de la Rosa, y sus colaboradores habrían robado, según la acusación particular, 30.000 millones de pesetas (180 millones de euros).8

 [] Caso Wardbase, una causa separada del anterior, referida a un pago fraudulento realizado por Javier de la Rosa a Manuel Prado y Colon de Carvajal por importe de 1.900 millones de pesetas.9

 [] Caso de los fondos reservados: desvío de partidas destinadas a la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico por valor de 5 millones de euros entre los años 1987 y 1993 para uso privado, enriquecimiento personal y pago de sobresueldos y gratificaciones a siete altos funcionarios del ministerio del Interior.10

 [] Caso Rumasa: expropiación, venta y liquidación de este holding en una operación que supuso su quiebra total, debido a las irregularidades en su gestión por parte de la familia Ruiz-Mateos.11

 [] Caso Filesa: financiación ilegal del PSOE a través de las empresas tapadera Filesa, Malesa y Time-Export, que entre 1988 y 1990 cobraron importantes cantidades de dinero en concepto de estudios de asesoramiento para destacados bancos y empresas de primera línea que nunca llegaron a realizarse. Entre las personas vinculadas a estas operaciones se encontraban el diputado socialista por Barcelona, Carlos Navarro, y el responsable de finanzas del PSOE, Guillermo Galeote.12 Posteriormente fue desglosado en:

 [] Caso Ave, cohecho y falsedad en relación con las supuestas comisiones ilegales obtenidas por la adjudicación del proyecto del tren de alta velocidad Madrid-Sevilla;13 a su vez desglosado en:

 [] Caso Seat: pago de 175 millones de pesetas por parte del PSOE a directivos de SEAT, para la recalificación irregular de terrenos de esta empresa, con el objetivo de financiar ilegalmente al PSOE. Aunque en la Sentencia consideró probados los hechos, abosolvió a los acusados por haber prescrito el delito.14

 [] Otros 3 sumarios.

 [] Caso Osakidetza: en las oposiciones al Servicio Vasco de Salud de 1990 se detectó un "cambiazo" masivo de exámenes que obligó a repetir gran parte de las pruebas, a las que se habían presentado cerca de 50.000 aspirantes. Por su presunta relación con este caso fueron detenidos Pedro Pérez, director de gestión económica de Osakidetza, y otras tres personas militantes del PSOE, acusadas de fraude con objeto de beneficiar a miembros del PSOE y UGT e instalar un grupo de personas afines en posiciones de responsabilidad. 15

 [] Caso Cesid: escuchas ilegales practicadas por los servicios secretos españoles en la sede de Herri Batasuna en Vitoria.16

miércoles, 15 de noviembre de 2017

VLADIMIRO MUÑOZ - HISTORIADOR Y PROPAGANDISTA ANARQUISTA


Vladimiro Muñoz – historiador y propagandista anarquista
El 14 de noviembre de 1920 nace en Gijón (Asturias, España) el historiador y propagandista anarquista Vladimiro Muñoz. Hijo de un ferroviario comunista, llevará el nombre en homenaje a Lenin. En 1924 su familia se instaló en Tarragona (Cataluña) ya partir de 1932 en Irún. Más tarde se trasladó a San Sebastián para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios hasta el estallido de la guerra. Con la destrucción de Irún, pasó a Francia y regresó a la Península por Tarragona. En 1937 fue movilizado y, como aún no tenía 17 años, fue destinado como cartero.
 En esta época descubrió el pensamiento pacifista y anarcoindividualista de Han Ryner leyendo sus libros traducidos al castellano por José Elizade. Cuando terminaba la guerra, en enero de 1939 pasó la frontera francesa en barca, pero fue detenido por la policía gala. Después de un tiempo cerrado al campo de concentración de Argelès, fue destinado al de Bram. Luego irá a América. Liberado en 1940, hizo de mecánico en Toulouse y de leñador al Aveyron. Entregado al ejército nazi, fue internado en varios campos y después fue destinado para trabajar en la construcción de una base submarina cerca de La Rochelle, hasta que pudo huir. En 1947 pudo embarcar con sus padres y su hermana hacia Montevideo (Uruguay), donde residía desde comienzos de siglo una rama familiar.
Anarcoindividualista y pacifista, nunca perteneció a ninguna organización libertaria, pero se hizo con todo el mundo, como Eugen Relgis - a quien conoció personalmente y tradujo obras suyas -, Han Ryner, Hemos Day, José Tato Lorenzo, Voluntad, Federación Obrera Regional Uruguaya (Forua), etc. En 1976, con la instauración de la dictadura militar, dejó de lado el movimiento anarquista, relaciones que reemprendió con la caída de ésta. Estudioso del movimiento anarquista internacional, se dedicó a recopilar documentos. Su tarea como investigador de las fuentes anarquistas y sus estudios cronológicos (Voltairine de Cleyre, Johann Most, Ricardo Mella, Anselmo Lorenzo, Rafael Barret, Coelho Netto, Agustín Barrios, etc.) Son muy importantes, así como la labor de prologuista de obras clásicas libertarias (Errico Malatesta, Joseph Ishill, Anselmo Lorenzo, Max Nettlau, etc.).
También destaca su producción epistolar, rica en datos bibliófilo y bibliográficas, y sus traducciones. Colaboró ​​en numerosas publicaciones libertarias, como Cénit, Cahiers des Amis de Han Ryner, Le Combat Syndicaliste, Espoir, Frente Libertario, Marcha, Reconstruir, Ruta, Solidaridad, Solidaridad Obrera, Tierra y Libertad, Voluntad, etc. Participó en la historia del movimiento anarquista en fascículos de Diego Abad de Santillán. Es autor de Contribución a la historia del anarquismo español. Correspondencia selecta de Federico Urales, Recordando a José Tato Lorenzo, Correspondencia selecta de Joseph Ishill (1967), Correspondencia selecta de Francisco Ferrer Guardia (1971), Breve historia del movimiento anarquista en ESTADOS UNIDOS DE AMERICA del Norte (1973, con Federica Montseny y Alberto Martín), Antología ácrata española (1974), Barret en Uruguay (1974, con Ernesto Herrera), El pensamiento vivo de Barrett (1976), Le Pei Kan and chinese anarchism. A chronology (1977), Max Nettlau, historian of anarchism (1978), Anarchist. A Biographical encyclopedia (1980), Coelho Netto y Agustín Barrios. Ensayos filológicos (1981, con Rodrigo Díaz-Pérez y Viriato Díaz-Pérez), Barret en Montevideo (1982), Bibliografía de Germinal. Asunción 1908 (1982), Bibliografía de Rafael Barrett. Uruguay (1908-1911) (1982), Sembrando ideas. Rafael Barrett (1992, con Roberto Lavín), Barrett (1992), etc.
 Vladimiro Muñoz murió en 2004 en Montevideo (Uruguay).

martes, 14 de noviembre de 2017

LA CARA MAS DURA QUE EL HORMIGON ARMADO


LA CARA MAS DURA QUE EL HORMIGON ARMADO.

Álvarez (UGT) cree que todos los españoles deberían pagar los trabajos sindicales y no solo sus afiliados


JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA QUE CACHONDO ES, ME PARTO DE RISA, QUE GRACIA TIENE ESTE ENERGUMENO.

PUES NADA AHÍ VA NUESTRO ARTICULO PARA QUE LO LEA

 

 

QUEREMOS TRABAJOS DECENTES  QUEREMOS SINDICATOS DECENTES

Embriagados por el renacimiento del mas puro de los obreriles pensamientos, grito adormecido en la profundidad de nuestra santa mansedumbre. Siendo por ello uno de los principales argumentos del alma Obrera sedientos de luz solar.

Nos ha sorprendido gratamente el poder oír a ese buen amigo, tan ingratamente olvidado y arrinconado en lo más profundo de nuestro vergonzante vivir obrero. Ese viejo concepto tan mimado y adorado por nuestros abuelos en el yunque golpeado de sus vidas.

Convencidos estamos de que es, sin duda, la dignidad de los hombres la que da noble sentido al concepto “decencia” y que al pronunciarlo, primero, “hay que merecerla” para poder poseerla. Sin embargo, el tiempo y el tener que vivir sin poder cultivar tan hermosa flor, hace que se pierda el sentir honorable mas hermoso de esta sencilla compañera de nuestro vivir.

Pedir una cosa tan delicada como la decencia, es deseable como justo el interrogar a nuestros interiores, si es que lo merecemos.

Pues son muchísimas veces, y muchísimos años, las que nuestra decencia de hombres trabajadores no ha sido nunca defendida, soportando y padeciendo mil y una felonía en el pasado y en el presente, llegando tal cúmulo de mansedumbre a tener que perder frutos conquistados en mil batallas por nuestros padres y nuestros abuelos. Ellos supieron que sus decencias no fueron nunca otorgadas, sino conquistadas y, por lo tanto, merecidas.

Es por ello que, al estar orgullosos de su tesoro, siempre estuvieron pendientes para defender aquello a lo que tanto valor le concedieron.

En cuanto a nuestros valerosos “Sindicatos Mayoritarios”, hemos de decir que al grito callejero, por parte de los abanderados obreros sindicalistas de UGT y de CCOO, de ¡¡QUEREMOS TRABAJO DECENTE!!, deberíamos decir: ¡¡QUEREMOS SINDICATOS DECENTES!!, pero sin olvidarse que para poseer una cosa hay que luchar por ella, pues es solo luchando que se merecen las cosas dignas, pues para serlo también hay que vivirlo demostrándolo. Y que sepamos, las luchas obreras de estos sindicatos son tan reducidas como nuestros salarios.

Otra cosa muy importante, que demuestra el grado de decencia de una Organización Obrera, son sus recursos económicos y el cómo se recolectan para poder comprender su organización interna, la cual nos dirá el grado de decencia que posee dicho Sindicato.

Si sus ingresos económicos vienen. Aparte de las flacas cotizaciones sindicales, de LOS PRESUPUESTOS DEL ESTADO, de los CURSILLOS de OFICIOS (siendo difícil saber los lugares donde los Sindicatos poseen dichas escuelas donde se enseñan oficios, de las COMISIONES por GESTIONAR CIERRES EMPRESARIALES, y, lo mas doloroso, de las COMISIONES por GESTIONAR DESPIDOS OBREROS, entonces tendríamos que modificar nuestro grito y gritar con fuerza: ¡¡QUEREMOS SINDICATOS DECENTES¡¡ Porque no puede ser digno el tener que vivir de nuestras miserias. Ellos están para defender nuestros intereses y no para vivir de ellos.

Ellos serán los eternos parásitos vividores de nuestros cuerpos. Pues lo han comprendido de una manera muy particular, los sindicatos solo están para defender siempre a los Obreros, y no al contrario.

Escarmentados estamos de tener que ver a infinidad de “Vivillos” que solo desean poder vivir del sudor ajeno, de verlos sentaditos en sus despachitos, con una serie de comodidades casi iguales a las de los jefes y directores. Sus horas libres sindicales son una serie de privilegios vergonzantes que han creado una nueva clase social de parásitos sociales. Es un verdadero escarnio, una vergüenza digna de sentirla por todos aquellos que la poseen. Y lo son al sumarse sobre nuestras espaldas añadiendo peso al peso y opresión a los oprimidos. Ellos, que deberían de ser nuestros compañeros, son unos vulgares parásitos más, que viven de nuestros sudores.

Al moderno grito de busquemos la carnaza fácil, saltan sobre los pobres colaterales miles de zánganos, vividores de todo tipo de parásitos enloquecidos y sedientos de dineros, los últimos eslabones de la triste cadena social. Presentes están, nuestros defensores Sindicalistas, en los despachos de las empresas en crisis, esperando las comisiones de los Patronos por haber facilitado y consentido los despidos sangrantes, que tanto humillan, en la desesperanza, a los últimos eslabones de la mas triste de las cadenas.

ES POR ELLO QUE DESDE EL FONDO DE NUESTRAS NECESARIAS DECENCIAS HEMOS DE GRITAR CON FUERZA: ¡¡ QUEREMOS SINDICATOS DECENTES ¡¡

Pedro García

Extraído de la revista ORTO nº 155

CATALUÑA Y LA AUTODETERMINACION


Cataluña y la autodeterminación
Hoy en Cataluña asistimos a una lucha entre las elites que tiene como principal finalidad, más allá de la propaganda y palabrería política que la envuelve, una redistribución del poder institucional. La burguesía española y una facción de la burguesía catalana, vinculada sobre todo a la Generalitat, están enzarzadas en un enfrentamiento al que tratan de arrastrar al pueblo llano para utilizarlo como base social sobre la que apoyarse para resolver esta querella interna. Asimismo, la acción de la propaganda de los mass-media, así como las intervenciones de diferentes actores políticos e institucionales, únicamente contribuye a enturbiar y oscurecer la problemática que hoy existe en Cataluña.
 La polémica generada por la convocatoria de un referéndum el 1 de octubre es presentada por sus principales valedores como una forma de ejercer el derecho de autodeterminación de Cataluña. Sin embargo, nada de esto es cierto por diferentes razones.
 En primer lugar la autodeterminación no es un derecho sino una capacidad del pueblo para decidir de un modo completamente autónomo qué tipo de relaciones desea establecer con los demás pueblos, en caso de que desee mantener alguna relación con estos. Esta capacidad únicamente puede ser ejercida cuando la soberanía está en manos del propio pueblo, lo que únicamente es posible con la desaparición del Estado y de la propiedad privada. Las actuales estructuras de dominación, concentradas fundamentalmente en torno a estas dos instituciones liberticidas, son las que monopolizan la soberanía y hacen que esta sea ejercida por una minoría dirigente. Así pues, la autodeterminación de los pueblos no puede ser ejercida en el marco político que ofrecen los Estados debido a que el pueblo no es libre para decidir. Esto explica que la autodeterminación no pueda ser en ningún caso un derecho en tanto en cuanto los derechos son la concesión de un poder que en cualquier momento, de manera totalmente arbitraria, puede revocarlo y alterarlo en función de sus particulares intereses. Por todo esto la autodeterminación sólo puede ser considerada como el resultado de una conquista revolucionaria fruto de la destrucción del Estado y de la propiedad privada, pues sólo entonces se dan las condiciones mínimas de libertad razonable para que un pueblo pueda decidir qué relaciones quiere mantener con los demás pueblos.
En segundo lugar la autodeterminación sólo es posible cuando, una vez destruido el Estado y la propiedad privada, el pueblo se autogobierna a través de asambleas soberanas. Esto es lo que hace posible el inicio de todo un proceso popular que, de abajo arriba, va dirigido a determinar qué tipo de relaciones son establecidas con los demás pueblos. De esta forma la autodeterminación no es de ningún modo un proceso consultivo impulsado por unas elites ubicadas en unas instituciones, sino que es el propio pueblo el que en el ejercicio de su soberanía establece las condiciones y la forma en que va a relacionarse con los demás pueblos.
En tercer lugar, y como corolario de todo lo hasta ahora dicho, la autodeterminación no es en modo alguno sinónimo de la construcción de un nuevo Estado. Este es el gran artificio ideológico desarrollado por los nacionalistas catalanes, y ratificado por el nacionalismo español dado su ferviente centralismo, con el propósito de confundir la libertad de un pueblo para decidir su futuro con la asunción de un nuevo yugo que lo someta a una renovada opresión, de tal modo que el escenario resultante sea aquel en el que la elite catalana sea una elite nacional que ejerza el poder de manera exclusiva sobre la sociedad catalana. La construcción de un nuevo Estado no tiene nada que ver con la autodeterminación, y menos aún con la liberación de un pueblo. Por el contrario este proyecto político supone la renovación del orden constituido al implicar la conservación de las instituciones heredadas del Estado español junto al régimen capitalista, y por tanto el mantenimiento de las actuales relaciones de explotación y dominación.
Por otra parte hay que constatar un hecho bastante controvertido que pasa desapercibido para la mayor parte de la población, y que en modo alguno es puesto de relieve en lo relativo a la polémica suscitada por la convocatoria del referéndum del 1 de octubre. Dentro del marco político de un Estado y sus instituciones el referéndum es la forma de represión dictatorial máxima y más dura al restringir la expresión de la voluntad popular a una pregunta que sólo admite como posibles respuestas un Sí o un No, lo que, a su vez, impide la justificación de cualquiera de ambas respuestas y con ello explicar qué quiere cada persona que se manifiesta en un sentido o en otro. A esto se suma el hecho de que se trata de un proceso puesto en marcha por una elite que formula la pregunta en función de sus intereses y pretensiones políticas de la manera más conveniente, y con ello determina al mismo tiempo la respuesta. En esencia el referéndum, todos los referéndums, constituye un instrumento de legitimación con el que las elites persiguen confirmar decisiones que ya han sido tomadas. La conveniente manipulación propagandística y la supervisión del proceso ejercida por los medios de coerción del Estado son los encargados de generar la respuesta deseada.
El referéndum de Cataluña, aún si llega a realizarse, no será otra cosa que un fraude, una completa mascarada con fines legitimadores y propagandísticos, pues responde a una clara intencionalidad política en la que constituye un instrumento con el que se crea la falsa ilusión de que el pueblo dispone de la oportunidad para ejercer su voluntad para decidir sobre su futuro, cuando en la práctica únicamente puede elegir entre dos opciones preestablecidas por la propia elite dirigente. Ambas opciones implican el mantenimiento de su condición de sujeto dominado y oprimido por las estructuras de poder imperantes, ya sea bajo la forma del Estado español o la de un hipotético, y cada vez menos probable, Estado catalán.
La autodeterminación, entonces, sólo es posible cuando el Estado y la propiedad privada han desaparecido y la sociedad se autogobierna a través de asambleas populares y soberanas. Por esta razón el pueblo catalán únicamente podrá alcanzar la capacidad de autodeterminación como fruto de una conquista revolucionaria que implique la destrucción del Estado español y de la propiedad privada, pues sólo entonces la soberanía estará en sus manos y no en las de una elite dominante. De este modo es como Cataluña podrá decidir sobre su futuro de una manera autónoma y determinar cómo quiere relacionarse con el resto del mundo. Así pues, autodeterminación y revolución social van de la mano, del mismo modo que la aspiración de libertad del pueblo catalán es idéntica a la de los restantes pueblos que hoy también viven sometidos a la dominación del Estado español y de su elite dirigente.
Esteban Vidal
 

lunes, 13 de noviembre de 2017

EL NACIONALISMO COMO RELIGION POLITICA


El Nacionalismo como religión política

La idea de la nación -dice el filósofo poeta indio Tagore- es uno de los medios soporíferos más eficaces que ha inventado el hombre. Bajo la influencia de sus perfumes puede un pueblo ejecutar un programa sistemático del egoísmo más craso, sin percatarse en lo más mínimo de su depravación moral; aún más, se le excita peligrosamente cuando se le llama la atención sobre ella.

Tagore denominó a la nación como egoísmo organizado. La calificación ha sido bien elegida; sólo que no se debe olvidar nunca que se trata aquí siempre del egoísmo organizado de minorías privilegiadas, oculto tras el cortinaje de la nación, es decir, tras la credulidad de las grandes masas. Se habla de intereses nacionales, de capital nacional, de mercados nacionales, de honor nacional y de espíritu nacional; pero se olvida que detrás de todo sólo están los intereses egoístas de políticos sedientos de poder y de comerciantes deseosos de botín, para quienes la nación es un medio cómodo que disimula a los ojos del mundo su codicia personal y sus intrigas políticas.

El movimiento insospechado del industrialismo capitalista ha fomentado la posibilidad de sugestión nacional colectiva hasta un grado que antes no se hubiera siquiera soñado. En las grandes ciudades actuales y en los centros de la actividad industrial viven millones de seres estrechamente prensados, privados de su vida personal, adiestrados sin cesar moral y espiritualmente por la prensa, el cine, la radio, la educación, el partido y cien medios más, en un sentido que les hace perder su personalidad. En los establecimientos de la gran industria capitalista el trabajo se ha vuelto inerte y automático y ha perdido para el individuo el carácter de la alegría creadora. Al convertirse en vacío fin de sí mismo ha rebajado al hombre a la categoría de eterno galeote y le ha privado de lo más valioso: la alegría interior por la obra creada, el impulso creador de la personalidad. El individuo se siente solo como un elemento insignificante de un grandioso mecanismo, en cuya monotonía desaparece toda nota personal.

Se adueñó el hombre de las fuerzas de la naturaleza; pero en su lucha continua contra las condiciones externas se olvidó de dar a su acción un contenido moral y de hacer servir a la comunidad las conquistas de su espíritu; por eso se convirtió en esclavo del aparato que ha creado. Es justamente esa enorme carga permanente de la máquina lo que pesa sobre nosotres y hace de nuestra vida un infierno. Hemos perdido nuestro humanismo y nos hemos vuelto, por eso, hombres de oficio, hombres de negocio, hombres de partido. Se nos ha metido en la camisa de fuerza de la nación para conservar nuestra característica étnica; pero nuestra humanidad se ha esfumado y nuestras relaciones con los otros pueblos se han transformado en odio y desconfianza. Para proteger a la nación sacrificamos todos los años sumas monstruosas de nuestros ingresos, mientras los pueblos caen cada vez más hondamente en la miseria. Cada país se asemeja a un campamento armado y acecha, con miedo y mortífero celo, todo movimiento del vecino; pero está dispuesto en todo momento a participar en cualquier combinación contra él y a enriquecerse a costa suya. De ahí se desprende que debe confiar sus asuntos a hombres que tengan una conciencia bien elástica, pues sólo ellos tienen las mejores perspectivas de salir airosos en las eternas intrigas de la política exterior e interior. Lo reconoció ya Saint Simon cuando dijo:

Todo pueblo que quiere hacer conquistas está obligado a desencadenar en sí las peores pasiones; está forzado a colocar en las más altas posiciones a hombres de carácter violento, así como a los que se muestran más astutos. (Saint Simon, “Du Systeme industrial”, 1821)

Y a todo esto se agrega el miedo continuo a la guerra, cuyas consecuencias se vuelven cada día más horrorosas y más difícilmente previsibles. Ni los tratados y convenios mutuos con otras naciones nos alivian, pues se conciertan con determinados propósitos, ocultos generalmente. Nuestra política llamada nacional está animada por el egoísmo más peligroso; y por esa misma razón no puede nunca conducir a una disminución o a un arreglo integral, por todos anhelado, de las divergencias nacionales.

Por otra parte, hemos desarrollado nuestros conocimientos técnicos hasta un grado capaz de influir y estimular de modo fantástico en nuestra imaginación; pero sin embargo, el hombre no se ha vuelto por ello más rico, sino cada vez más pobre. Toda nuestra economía ha caído en un estado de constante inseguridad, y mientras se abandonan al exterminio de una manera criminal valores por millones y millones, a fin de mantener los precios al nivel más conveniente, viven en cada país millones de seres humanos en la miseria más espantosa y sucumben vergonzosamente en un mundo de superabundancia y de supuesta superproducción. La máquina, que debía haber aliviado el trabajo del hombre, lo ha hecho más pesado y ha convertido poco a poco a su propio inventor en una máquina, de tal modo que debe adaptar cada uno de sus movimientos a los de las ruedas y mecanismos de acero. Y, como se calcula la capacidad de rendimiento del complicado mecanismo hasta lo más ínfimo, se calcula también la energía muscular y nerviosa del productor viviente de acuerdo con determinados métodos científicos, y no se comprende, no se quiere comprender, que con ello se le priva del alma y se mutila profundamente su dignidad humana. Hemos caído cada vez más bajo el dominio de la mecánica y sacrificamos la existencia humana viviente ante el altar de la monotonía de las máquinas, sin que llegue a la conciencia de la mayoría lo monstruoso de ese comienzo. Por eso se pasa por sobre estas cosas generalmente con tanta indiferencia y frialdad como si se tratase de objetos inertes y no del destino humano.

Para conservar ese estado de cosas ponemos todas las conquistas técnicas y científicas al servicio del asesinato en masa organizado; educamos a nuestra juventud para asesines uniformades; entregamos los pueblos a la torpe tiranía de una burocracia extraña a la vida; ponemos al hombre desde la cuna a la tumba bajo la vigilancia policial: levantamos en todas partes prisiones y presidios y poblamos cada país de ejércitos enteros de confidentes y espías. Semejante orden, de cuyo seno enfermo brotan continuamente la violencia brutal, la injusticia, la mentira, el crimen y la podredumbre moral como gérmenes venenosos de endemias devastadoras, ¿no convencerá poco a poco, incluso a los espíritus más conservadores, de que se compra a precio demasiado elevado?

El dominio de la técnica a costa de la personalidad humana, y especialmente la resignación fatalista con que la gran mayoría se acomoda a esa situación, es también la causa por la cual es más débil en el hombre de hoy la necesidad de libertad, siendo sustituida en muchos por la necesidad de seguridad económica. Ese fenómeno no debe extrañarnos; todo nuestro desenvolvimiento ha llegado hoy a un punto en que casi todo ser humano es jefe o subalterno, o ambas cosas simultáneamente. Por ese medio ha sido fortalecido el espíritu de la dependencia; el hombre verdaderamente libre no está a gusto ni en el papel de superior ni en el de inferior y se esmera, ante todo, por desarrollar sus valores internos y sus capacidades personales de una manera que le permita tener un juicio propio en todas las cosas y le capacite para una acción independiente. La tutela continua de nuestra acción y de nuestro pensamiento nos ha debilitado y nos ha vuelto irresponsables. De ahí justamente proviene el anhelo de un hombre fuerte que ponga fin a toda miseria. Ese afán de un dictador no es un signo de fortaleza, sino una prueba de nuestra inconsistencia interior y de nuestra debilidad, aun cuando los que la ponen de manifiesto se esfuerzan a menudo por aparecer como firmes y valerosos. Lo que no posee el hombre mismo es lo que más codicia. Y como se siente demasiado débil pone su salvación en la fortaleza ajena; porque somos demasiado cobardes o demasiado tímides para hacer algo con las propias manos, y forjar el propio destino, ponemos éste a merced de los demás. Bien dijo Seume cuando afirmó: La nación que sólo puede o debe ser salvada por un solo hombre, merece latigazos.

No; el camino de la superación sólo puede estar en la ruta hacia la libertad, pues toda dictadura tiene por base una condición de dependencia llevada al extremo y no puede beneficiar nunca la causa de la liberación. Incluso cuando una dictadura ha sido concebida como etapa transitoria para alcanzar un cierto objetivo, la actuación práctica de sus jefes -suponiendo que tenían la honesta intención de servir a la causa del pueblo- la aparta cada vez más de sus objetivos originarios. No sólo por el hecho que todo gobierno provisional, como dijo Proudhon, pretende siempre llegar a ser permanente, sino ante todo porque el poder en sí es ineficaz y ya por esa causa incita al abuso. Se pretende utilizar el poder como un medio, pero el medio se convierte pronto en un fin en sí mismo, tras el cual desaparece todo lo demás. Justamente porque el poder es infecundo y no puede dar de sí nada creador, está obligado a utilizar las fuerzas laboriosas de la sociedad y a oprimirlas en su servicio. Debe vestir un falso ropaje, a fin de cubrir su propia debilidad; y esa circunstancia lleva a sus representantes a falsas apariencias y engaño premeditado. Mientras aspira a subordinar la fuerza creadora de la comunidad a sus finalidades particulares, destruye las raíces más profundas de esa energía y ciega las fuentes de toda actividad creadora, que admite el estímulo, pero de ninguna manera la coacción.

No se puede libertar a un pueblo sometiéndolo a una nueva y mayor violencia y comenzando de nuevo el círculo de la ceguera. Toda forma de dependencia lleva inevitablemente a un nuevo sistema de esclavitud, y la dictadura más que cualquiera otra forma de gobierno, pues reprime violentamente todo juicio contrario a la actuación de sus representantes y sofoca así, de antemano, toda visión superior. Pero toda condición de sometimiento tiene por base la conciencia religiosa del hombre y paraliza sus energías creadoras, que sólo pueden desarrollarse sin obstáculos en un clima de libertad. Toda la historia humana fue hasta aquí una lucha continua entre las fuerzas culturales de la sociedad y las aspiraciones de dominio de determinadas castas, cuyes representantes opusieron firmes barreras a las aspiraciones culturales o al menos se esforzaron por oponerlas. Lo cultural da al hombre la conciencia de su humanidad y de su potencia creadora, mientras el poder ahonda en él el sentimiento de su sujeción esclava.

Hay que librar al ser humano de la maldición del poder, del canibalismo de la explotación, para dar rienda suelta en ellos a todas las fuerzas creadoras que puedan dar continuamente nuevo contenido a su vida. El poder les rebaja a la categoría de tornillos inertes de la máquina, que es puesta en marcha por una voluntad superior; la cultura les convierte en amo y forjador de su propio destino y les afianza en el sentimiento de la comunidad, del que surge todo lo grande. La redención de la humanidad de la violencia organizada del Estado, de la estrecha limitación a la nación, es el comienzo de un nuevo desarrollo humano, que siente crecer sus alas en la libertad y encuentra su fortaleza en la comunidad. También para el porvenir tiene validez la sabiduría de Lao-Tsé:

Gobernar de acuerdo con la ruta es gobernar sin violencia: produce en la comunidad un efecto de equilibrio. Donde hubo guerra crecen las espinas y surge un año sin cosecha. El que es bueno no necesita violencia, no se arma de esplendor, no se jacta de fama, no se apoya en su acción, no se fundamenta en la severidad, no aspira al poder. La culminación significa decadencia. Fuera de la ruta está todo fuera de ruta.

 

Nacionalismo y Cultura. Rudolf Rocker, 1936 Libro primero, Capítulo XV