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miércoles, 21 de marzo de 2012

MANUEL PEREZ FUNDADOR DE LA FAI


Manuel Pérez Fernández nació en España el 10 de agosto de 1887, pero se crió y escolarizó en Brasil[1].
Fue un destacado militante anarquista y organizador sindicalista, tan sobresaliente como desconocido. Organizó y potenció la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en Andalucía, Canarias, San Sebastián y Baleares. En el exilio portugués y francés entró en contacto con primeras figuras del movimiento anarquista internacional: Makno, Ranko, ArchinofI, Grave, Faure, Malato, Besnard, Schapiro.
Tuvo una destacada intervención en las reuniones celebradas en Francia, en 1925 y 1926, que prepararon la fundación de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y fue uno de los principales artífices de la “I” de la FAI, esto es, de la unificación de portugueses, españoles y exiliados de habla española en Francia en una misma organización anarquista. “I” que, al principio, no significaba “Ibérica”, sino “Iberoamericana”; aunque finalmente se quedó en peninsular por insuperables cuestiones organizativas.

Protagonista, junto a Durruti y García Oliver, del primer mitin autorizado de la CNT (tras el período de ilegalización posterior a los hechos de octubre de 1934) convocado en Barcelona en enero de 1936.
Intervino en numerosos mítines, y largas campañas de propaganda y organización, a veces de meses de duración, por toda la península, fue director de varias cabeceras de diarios anarquistas, y visitante asiduo de distintas cárceles. Destacó por su capacidad organizativa en la creación de nuevos sindicatos cenetistas y como fundador de varias confederaciones regionales.

Fue encarcelado 53 veces, en prisiones de Brasil, España, Francia y Portugal, y desterrado en cuatro ocasiones: dos de Sevilla (1921 y 1924), una de Santa Cruz de Tenerife (1934) y la más deseada, de territorio franquista, en 1940. Estaba casado y tuvo tres hijas.
Escribió sus memorias, en Brasil, en los años cincuenta, frecuentemente citadas sin haber sido publicadas, han conocido cierta difusión militante en pequeños círculos.

Biografía


Creció en Brasil, en una familia de origen español. Su familia materna, profundamente católica y de ideas reaccionarias, contaba con varios generales del ejército. Tres hermanos de su madre fueron generales españoles y uno de ellos murió en Cuba, en lucha contra los independentistas cubanos.

En 1905 trabajó de aprendiz de ebanista en Río de Janeiro, donde entró en contactó con un militante anarquista español que le introdujo en las ideas libertarias, al tiempo que ingresaba en el Liceo de Artes y Oficios de Río. En 1906, a raíz del atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII, se enfrentó a su padre, que condenaba el intento de magnicidio. En 1909, tras tres años de tensa relación familiar, conocidos los hechos de la Semana Trágica y del fusilamiento de Francisco Ferrrer Guardia, discutió violentamente con su padre, decidiendo abandonar el hogar paterno.

Prosiguió sus estudios y su relación con Valentín y otros amigos anarquistas, como simple afiliado sindical. En 1918, terminada la Primera guerra mundial, empezó a escribir artículos en el Jornal do Brasil, implicándose además en las luchas sindicales. A finales de ese año fue nombrado secretario del Centro de ebanistas de Río de Janeiro y más tarde presidente del Sindicato de Ebanistas.

Tras enconadas luchas, los trabajadores brasileños consiguieron fundar el Sindicato del Ramo de la Madera, del que Pérez fue nombrado secretario, pasando más tarde a representar a la Federación Obrera de Río de Janeiro. Simultáneamente fue nombrado redactor del semanario Espartacus, órgano del movimiento anarquista, y miembro de la comisión de propaganda, responsable de organizar charlas y conferencias en los sindicatos.

En octubre de 1919 la represión policial le expulsó de Brasil, con la excusa de haber nacido en el extranjero. Desembarcó en Vigo el 19 de noviembre de 1919, siendo encarcelado por indocumentado. Estuvo en las prisiones de Madrid y Sevilla. En enero de 1920 fue nombrado secretario general del Sindicato de la Madera de Sevilla, cargo que ejerció hasta su detención en septiembre de 1920, siendo desterrado a Cabezas Rubias, pueblecito de la provincia de Huelva, en una de las habituales conducciones de presos, a pie por la carretera, en largas cordadas de a dos. En ese pueblo, donde pasó todo el año 1921, conoció a Teresa, que se convirtió en su compañera.

Tras la amnistía de Sánchez Guerra de 1922, ejerció los cargos de secretario de la Federación Local de Sevilla y luego de miembro del Comité Regional de Andalucía. Colaboró con Alaiz y Vallina y realizó una campaña de mítines junto a Salvador Seguí. A principios de 1923 fue nombrado nuevamente secretario del ramo de la Madera de Sevilla, hasta que aceptó el de contador del Comité Nacional de la CNT, entonces establecido en esa ciudad.

A finales de 1923, implantada la Dictadura de Primo de Rivera, fue primero preso, y más tarde, en abril de 1924, desterrado a Portugal. Se integró en el movimiento sindical portugués y fue redactor de A Batalha y miembro del Comité Nacional de la Unión Anarquista Portuguesa. Junto a Restituto Mogroviejo y el gallego Sánchez fundó el Comité Internacional por la libertad del pueblo español.

En 1925 fue expulsado de Portugal y marchó a París, donde fue redactor de Tiempos Nuevos y secretario de correspondencia de la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia.

En mayo de 1926 participó, como delegado, en la sesiones del Congreso Anarquista de Marsella, convocado por la Federación de Grupos Anarquistas en Lengua española, de acuerdo con el interior, con amplia presencia internacional y de la Asociación Internacional del Trabajo (AIT). En ese Congreso se fundó la FAI, a propuesta de Souza y del propio Pérez, que derrotaron la táctica propugnada por Juan García Oliver y Vicente Pérez “Combina”, favorables a la colaboración política y armada con Maciá, para derrocar la Dictadura de Primo de Rivera. Al rechazarse tal propuesta militarista, García Oliver y Combina abandonaron el Congreso, que en unos de sus puntos más importantes afirmaba: “El Congreso acuerda por unanimidad que ningún pacto, colaboración ni inteligencia sea mantenida de ahora en lo sucesivo con elementos políticos y que sólo con la CNT estaremos en inteligencia, mientras este organismo mantenga sus principios Comunista libertarios”.

Manuel Pérez, por los cargos que había desempeñado anteriormente, fue uno de los artífices fundamentales de la inclusión de portugueses y exiliados de lengua española en la organización anarquista de España.

Fue nombrado administrador de Tiempos Nuevos, del que era director Liberto Callejas. El único cargo remunerado era el de director, sueldo del que vivieron cinco personas: la familia de Pérez y Liberto, que vivía también en el domicilio de Manuel Pérez, donde se instaló además la redacción del diario.

Como delegado de la Federación de Grupos de Lengua española en Francia, contribuyó, junto a Besnard, Faure, Borghi, Schapiro, Huart, Hugo y otros a la fundación de la Confederación General del Trabajo (Sindicalista Revolucionaria), esto es, de la CGT-SR francesa, que tenía el propósito de combatir la influencia estalinista en los sindicatos obreros.

En esa época, como elemento de enlace entre el movimiento anarquista español y la AIT, se entrevistaba semanalmente con Shapiro, secretario de la AIT.

En julio de 1927, en Valencia, se produjo el acto formal de la fundación de la FAI en España, acordada el año anterior en el Congreso de Marsella.

En febrero de 1928 regresó a España por la frontera catalana, para atender a su mujer, gravemente enferma, que trasladó a Huelva con su familia, aunque finalmente falleció el 20 de noviembre de 1928. Intervino en las luchas clandestinas y en el Comité de Relaciones de la FAI, en cuyo nombre participó en un pleno regional andaluz. En diciembre formó parte del Comité Pro-presos de Sevilla, enfrentado a la dura represión de los cenetistas por parte del gobernador Cruz Conde. Estuvo en Sevilla durante todo el año 1929.

En junio de ese año, viudo y con tres hijas, se unió sentimentalmente a Mercedes, su nueva compañera. Trabajó de ebanista en la construcción del Pabellón brasileño en la Exposición Internacional de Sevilla, y dado su dominio del portugués, francés y castellano, le ofrecieron dirigir el Servicio de Prensa y Propaganda de Brasil, que aceptó.

En marzo de 1930 marchó a Bélgica con su familia, provistos todos de pasaporte brasileño, para desempeñar ese mismo cargo con la delegación brasileña en la Exposición de Amberes, donde permaneció desde abril hasta diciembre. Rechazó la oferta de regresar, con el viaje pagado, a Brasil, su país natal. Estuvo apenas dos meses en París.

En enero de 1931 regresó a España, atravesando la frontera por Hendaya e Irún, estableciéndose en San Sebastián, donde, a partir de sólo 17 militantes, organizó el sindicato de Oficios varios de la CNT y pocos meses después una Federación Local de siete sindicatos, de la que fue nombrado Secretario General.

En junio, proclamada ya la República, fue a Madrid para tomar parte como delegado de la Región Norte en las sesiones del Congreso Nacional de la CNT, reunido en el Teatro María Guerrero, figurando en las ponencias sobre organización social del porvenir. Al finalizar el congreso intervino, junto a Rudolf Rocker, Pierre Besnard, Lucien Huart y Valeriano Orobón Fernández, en el mitin de clausura.

Luego acudió, como delegado español, al congreso internacional de la AIT, reunido en el Teatro Barbieri de Madrid, en compañía de Carbó, Pestaña y Robusté.

En el desempeño de su cargo de secretario de la Federación Local de San Sebastián participó en distintos plenos nacionales: Barcelona a finales de julio de 1931, Madrid en diciembre del mismo año.

En mayo de 1932, aceptó la petición del Comité Nacional de ir a Canarias, para reorganizar e impulsar los sindicatos de la CNT. A su llegada dirigió En Marcha, órgano de los sindicatos cenetistas canarios y sólo ocho meses después, en abril de 1933, se celebró el mitin fundacional del Comité Regional de Canarias, que acababa de crear, partiendo de unos pocos sindicatos aislados. Fue nombrado secretario del CR canario, representando a treinta y dos mil afiliados. Amigos y conocidos empezaron a llamarle, cariñosamente, con el apelativo de “el canario”. A partir de esa época fue colaborador habitual de Solidaridad Obrera de Barcelona.

A raíz del movimiento revolucionario de diciembre de 1933 fue detenido y trasladado a la prisión de Zaragoza, donde permaneció durante 45 días, hasta que el proceso fue sobreseído por “desaparición” de las pruebas (robadas por militantes anarquistas). En la segunda quincena de marzo de 1934 ya estaba de nuevo en Santa Cruz de Tenerife.

En noviembre de 1934 fue desterrado de Canarias por las autoridades gubernativas. Actuó en la clandestinidad en Sevilla y Cádiz, donde ayudó a Vicente Ballester en la organización de la Federación Local gaditana, de cuyo comité pasó a ser componente.

En enero de 1936, ingresó en la redacción de la “Soli” en Barcelona, junto a Manuel Villar (director), Liberto Callejas, José Peirats, Alejandro Gilabert y Francisco Ascaso.

Intervino, junto a Buenaventura Durruti, Francisco Carreño y García Oliver, en el mitin de la CNT del 5 de enero de 1936, en el Teatro Olympia, el primero que se realizaba desde la ilegalización de la Organización tras los hechos de octubre de 1934. Ante las airadas protestas de García Oliver a que el nombre de Pérez figurase en último lugar, en el puesto de honor de quien cerraba el acto, no tuvo inconveniente en cedérselo inmediatamente, en conformidad con su innata modestia.

En febrero de 1936 intervino en Mataró, en el mitin de unificación con los trentistas, siendo efusivamente felicitado por Peiró. En compañía de Ramón Álvarez y Francisco Isgleas, efectuó una campaña de propaganda y organización por la provincia de Gerona. En Benicarló “los tres Pérez” dieron un mitin conjunto: Vicente Pérez Viche (“Combina”), Manuel Pérez Feliu de la regional levantina, y Manuel Pérez Fernández (“el canario”).

Ese mismo mes, el Sindicato de la Madera de Barcelona le nombró delegado al Congreso de la CNT, reunido en Zaragoza, participando junto a Federica Montseny y Francisco Carreño en el mitin de apertura, celebrado en la plaza de toros. Defendió la inmediata creación de la Confederación Ibérica de Trabajadores. Fue nombrado para discutir la ponencia sobre comunismo libertario.

Continuó como redactor de la “Soli” de Barcelona, dirigida por Liberto Callejas, hasta el 18 de julio de 1936, día en que embarcó para Palma de Mallorca, como representante del diario en el primer congreso regional de Baleares y en el mitin de clausura. Dado el éxito del golpe militar en Mallorca, tuvo que esconderse de la persecución fascista en casa de la cenetista Julia Palazón.

El 21 de noviembre de 1936 consiguió huir de la fascista Mallorca a la republicana Ciudadela, permaneciendo un mes en Menorca, donde dirigió el órgano cenetista de Mahón La Voz de Menorca. En los últimos días de diciembre de 1936, a bordo del destructor “Ciscar”, que había conseguido burlar el bloqueo naval a Menorca, llegó a Valencia, donde escribió el folleto “Cuatro meses de barbarie. Mallorca bajo el terror fascista”, que fue publicado ese mismo año en castellano, inglés y francés. La traducción francesa era obra del tipógrafo y cineasta valenciano José Estivales, que utilizaba el seudónimo de “Armand Guerra”.

Pasó algunos días de enero en Barcelona, donde fue a recoger a su familia, que tenía su casa en La Torrassa. El 5 de enero de 1937 intervino en un mitin de la CNT, celebrado en el Gran Price, en el que recordó que hacía justo un año que había participado en un mitin similar junto a Durruti, ahora fallecido. Se mostró muy crítico con el colaboracionismo cenetista en las tareas de gobierno.

En febrero de 1937 marchó a Francia, donde realizó una campaña de propaganda y recaudación de fondos de dos meses de duración, acompañado de “Armand Guerra”, David Antona, Alexandre Mirande y Fontaine, regresando a Valencia, y luego a Barcelona, a mediados de abril.

Cruzó la frontera por Puigcerdá, donde paseó y habló con Antonio Martín, que una semana más tarde fue asesinado, según palabras del propio Pérez, “por un grupo de sicarios”, para destruir la obra revolucionaria realizada por los anarquistas en la Cerdaña, y que él consideraba como el prólogo de la maniobra contrarrevolucionaria que culminó con el asalto de la Telefónica de Barcelona del 3 de mayo de 1937.

Durante las Jornadas de Mayo combatió en La Torrassa, donde vivía, y se mostró contrario a la proclamación de ¡alto el fuego!, propugnado por Federica Montseny y Juan García Oliver, entre otros.

Fue nombrado delegado al Pleno nacional, reunido en Valencia el 11 de mayo de 1937. A su regreso, fue elegido miembro del Comité Peninsular de la FAI, con Germinal de Souza, Roberto Cotelo, Jacobo Prince y Lunazzi, pero por problemas de salud tuvo que retirarse a Igualada, para reposar y reponerse, aunque no supo negarse a realizar breves giras de propaganda por los pueblos cercanos, para reconstruir la Organización, destruida y desaparecida en la comarca por la represión estatal y estalinista posterior a mayo, cuando las reconstituidas fuerzas de Orden Público, formadas por los guardias de asalto y la antigua guardia civil, regresaron a las distintas comarcas como conquistadores a la caza de los “incontrolados” cenetistas.

También participó, pese a su teórico retiro, en numerosas reuniones de comités superiores, convocadas por el Comité Regional de Cataluña en la Casa CNT-FAI de la vía Durruti, en Barcelona.

Afirma en sus memorias, que el mes de mayo había publicado un artículo[2] en la portada de Solidaridad Obrera, en el que, tras analizar los recientes sucesos, denunciaba los crímenes cometidos contra la Organización, como los cadáveres de doce jóvenes libertarios, torturados y mutilados, abandonados en la carretera de Cerdanyola; terminando su escrito con estas palabras: “Estamos solos, sí, pero con dignidad”, que constataban el terrible aislamiento confederal frente a la represión estatal y estalinista.

En octubre de 1937 dejó Igualada, para instalarse en Gelida, participando en numerosas campañas de propaganda por los pueblos cercanos. A fines de diciembre de 1937 se estableció en Barcelona, integrándose en el Comité Nacional de la CNT, que le designó director de Ruta, órgano de las Juventudes Libertarias; cargo que desempeñó hasta julio de 1938, cuando lo destinaron a Orán en misión de propaganda y organización.

En septiembre de 1938 fue reclamado por el Comité Regional de Andalucía para asumir, en Baza, el cargo de secretario regional, para el que había sido escogido en el último pleno regional.

Fue testigo directo, el 31 de marzo de 1939, de la toma por los italianos del puerto de Alicante, en el que miles de republicanos esperaban un barco para huir de la España franquista.

En abril de 1939 fue internado en campos de concentración (unos días en el campo de Los Almendros y luego en el campo de concentración de Albatera). Más tarde, sufriendo penuria y unas peripecias terribles, que narró brillantemente en sus memorias, fue encarcelado el 24 de mayo en la Prisión Provincial de Sevilla, donde constaban sus antecedentes penales de varios encarcelamientos y dos destierros. En una de las declaraciones, tomadas en 1924, había desmentido poseer la nacionalidad brasileña, jurando que había nacido en Osuna, con el objetivo de evitar ser expulsado a Brasil, lejos de su mujer e hijas. La policía se aferraba a esa falsa declaración para confirmar su nacionalidad española. Pero ahora afirmaba que había nacido en la ciudad brasileña de Santos, y gracias al decidido empeño del consulado brasileño, que esgrimía su cargo como director de Prensa y Propaganda de la delegación brasileña en las Exposiciones de Sevilla y Amberes, no fue ejecutado, consiguiendo una orden de expulsión de España en 1940.

Sin embargo permaneció encarcelado aún varios meses, con el peligro permanente de ser enviado al campo de Miranda de Ebro, donde los extranjeros eran exterminados sistemáticamente.

Gracias a la ayuda de la Solidaridad Internacional Antifascista (SIA) pudo sobrevivir. La constante vigilancia e intervención del consulado brasileño en Cádiz, consiguió hacer efectiva la orden de expulsión. El recorrido por distintas prisiones franquistas, el atroz retrato de algunos sádicos carceleros, las torturas, humillaciones y asesinatos de los viejos amigos vencidos, constituyen un relato terrible y dantesco que nada desmerece del Inferno de la Divina Comedia.

Llegó a Brasil en julio de 1941, donde fundó Açao Directa, de la que fue administrador durante muchos años. Fue secretario de los anarquistas de lengua española, exiliados en Brasil. En 1951 terminó sus memorias, que tituló: “30 años de lucha. Mi actuación como militante de la CNT y anarquista español”.

Falleció en Río de Janeiro el 16 de junio de 1964.

En el obituario publicado el 14 de enero de 1965 en Le Combat Syndicaliste se le describía de este modo: “Hablador con facilidad, optimista hasta sus postreros días, persuasivo por convicción, rebelde por temperamento, también supo ser responsable con los deberes de la organización confederal y los compañeros”.

Conclusiones

El breve esbozo biográfico de Manuel Pérez Fernández nos hace vislumbrar una actividad de propaganda frenética, que causa vértigo. Él mismo narra los viajes en taxi, de un pueblo a otro, para enlazar sus intervenciones de mitin en mitin, en un mismo día.

Manuel Pérez, conocido por sus amigos por el apodo de “el canario”, fue un destacado propagandista y organizador de sindicatos, capaz de crear desde la nada, en pocos meses, un sindicato cenetista y desde éste, en pocos meses más, una federación local o regional, dotada de un órgano de prensa, normalmente dirigido por el propio Manuel. Así lo hizo en Canarias, Andalucía, San Sebastián y Orán.

Manuel Pérez, en sus memorias, rechazó el relato autobiográfico, porque pensaba que su vida personal carecía de interés, y nos ofreció únicamente el extraordinario relato de sus experiencias como militante cenetista y anarquista. Un militante destacado, con una trayectoria que abarca diecisiete años de militancia en primera fila, pero prácticamente anónimo a causa de esos apellidos tan frecuentes: Pérez y Fernández. Quizás, por esa misma razón, su actividad subraya la importancia de tantos militantes anónimos, que son quienes explican, más allá de la leyenda, grandezas y miserias de algunos líderes, el esplendor de la historia colectiva de esos obreros anónimos de la CNT, que fueron su fuerza, su savia y su raíz. Que la mitomanía y el culto a la personalidad los endiosen, a veces, como héroes, los desnaturaliza y convierte en extraterrestres, cuando ellos mismos valoraban extraordinariamente tal anonimato, en bien exclusivo de la Organización.

Las memorias de Manuel Pérez están repletas de bocetos biográficos de numerosos militantes cenetistas, algunos absolutamente desconocidos y otros de cierto renombre, así como de múltiples anécdotas, trágicas o cómicas, sobre destacadas figuras, que las convierten en una especie de miscelánea de variadas y encontradas biografías cenetistas.

Aunque Manuel Pérez, en el relato de sus treinta años de militancia, rehuyó, en lo posible, la narración autobiográfica, escribió lo suficiente como para vislumbrar una intensa y gozosa vida familiar, así como una extraordinaria valoración de la amistad con otros militantes, por encima de roces y mezquindades, y/o, en muchas ocasiones, de cualquier discrepancia política. Por suerte, nos han llegado algunas cartas en las que esa personalidad se nos presenta diáfana y rotunda, permitiéndonos vislumbrar su profunda calidad humana.

En esa correspondencia se nos muestra, sin recato, como un apasionado amante de su familia y un desprendido amigo de sus amigos. Pero, sobre todo, como un hombre cabal y completo, capaz de asumir los desafíos, golpes y contrariedades de la vida, desde la altura de miras del compromiso revolucionario y anarquista. Ante el dolor provocado por la larga enfermedad y posterior muerte de su mujer,
escribió en carta a un amigo: “los anarquistas debemos ser más fuertes que el propio dolor”.

Llamarse Pérez, tener la nacionalidad brasileña y ser anarquista fueron razones de peso para ser prácticamente ignorado por la historiografía oficial española, salvo escasas excepciones, que tampoco han profundizado excesivamente en el personaje, ni en la difusión de su impresionante militancia.

La escritura de Manuel Pérez es fluida y precisa. La sintaxis empleada se caracteriza por la brevedad de las frases. Carece de metáforas, de grandilocuencias y de florituras. En alguna ocasión aparecen vocablos que delatan la influencia del portugués o del francés. Su estilo es siempre claro y nítido, aunque no siempre gramaticalmente correcto. Está plagado de breves y afiladas anécdotas, nunca gratuitas, capaces de descifrar una situación o definir a una celebridad, como ocurre por ejemplo con García Oliver, cuando explica, con sólo una frase, su orgulloso enfado ante el orden de intervención en el mitin de enero de 1936. Sin embargo, jamás utiliza el insulto, ni mucho menos la difamación contra nadie, lo que no significa que no exponga siempre su propio criterio, por muy heterodoxo que sea.

Otros rasgos a destacar son la ausencia, en todo el relato, de referencia o mención alguna a ningún acto violento personal, ni al uso de armas para la autodefensa, y por supuesto, su absoluta y abnegada dedicación a su labor de propaganda y organización sindical, con una disposición plena a cambiar de residencia, acompañado, o no, de su familia, y a la aceptación de todas las misiones que le encomendase la Organización. Porque era un militante anarcosindicalista, porque fue un revolucionario.

Agustín Guillamón